ALIMENTACIÓN Y FRONTERA SUR

He tenido la oportunidad de acompañar un grupo de jóvenes de segundo de bachillerato de diversas escuelas a una experiencia en el mar de plástico, en Almería. Se llama así debido a que es una gran extensión llena de invernaderos. En ellos se cultiva parte de la fruta y la verdura que consumimos de forma habitual. Es una zona tan grande que es una de las pocas edificaciones hechas por el hombre que puede observarse a simple vista desde el espacio.

 

La utilización de los invernaderos en esta zona empezó aproximadamente hace 30 años, en 1974. Desde entonces, cada vez se edifican más. A medida que ha pasado el tiempo, el precio del metro cuadrado de terreno ha ido incrementando, junto a las nuevas tecnologías. Actualmente, construir un invernadero desde cero supone alrededor de 400.000€. Esto supone que cada vez los nuevos invernaderos sean propiedad de empresas con gran cantidad de capital y que cada vez menos particulares los construyan.

En estos invernaderos, como ya he comentado, se produce una parte de la fruta y de la verdura que tomamos actualmente. Remarco que solo una parte de esta debido a que gran parte de la producción se exporta a otros países. Uno de los principales es Alemania

Esto provoca que para consumir fruta y verdura tengamos que importar gran cantidad de alimentos.

 

¿Quién trabaja allí?

En los invernaderos trabajan principalmente personas que han llegado a las costas españolas de diferentes orígenes. La gran mayoría provienen del continente africano. La mayoría de ell@s decidieron emigrar hacia Europa en busca de una vida mejor, igual que lo hacemos nosotr@s al ir a otros países para trabajar, estudiar….

Tras un laberinto de procesos administrativos, si todo va bien, en 3 años reciben el permiso de residencia. Esto les permite trabajar y moverse por el territorio de forma regular.

 

¿En qué condiciones trabajan?

Much@s de ell@s se ven obligados a aceptar el trabajo que se ofrece en los invernaderos. Allí los sueldos suelen ir de 30-42€ la jornada de 9 horas. Son sueldos muy bajos, con horarios totalmente cambiantes según el alimento que se esté plantado, la temporada y la competencia.

Remarco el término de la competencia debido a que aquell@s que por el momento no tienen los papeles regularizados pueden ser elegidos por los encargados de los invernaderos para trabajar días puntuales.

Hablando con ell@s nos explicaban que en ocasiones el encargado se compromete a realizarles un contrato de trabajo a cambio de que sean ellos mismos los que se encarguen de pagar la parte que le corresponde pagar a la empresa de su seguridad social como trabajad@r.

 

 

 

El tamaño estándar de los invernaderos es de una hectárea (10.000 m2) y para trabajar en ellos suelen hacerlo de 2 a 4 personas. Esto supone un volumen de trabajo enorme al que han de sumarse las largas jornadas de trabajo y el calor que hace en el interior del invernadero. Se puede llegar a los 50ºC.

 

 

A nivel nutricional,

los productores nos explicaron que cada temporada salen nuevas semillas en las que suelen mejorar su rendimiento, su aspecto y en algunos casos su calidad nutricional. Comentan que el cultivo de productos ecológicos está empezando a crecer poco a poco. Para hacer frente a las técnicas de cultivo tradicional en los que se usan ciertos productos para tratar a las plantas con el fin de evitar que insectos y otros parásitos las estropeen, se están empezando a utilizar técnicas modernas que garantizan que el producto final sea ecológico. Uno de los tratamientos que empieza a coger fuerza en este campo es la ozonización del agua. La evidencia muestra que este proceso no tiene efectos nocivos para la salud humana y protege a la planta frente a gran cantidad de parásitos. Esto permite que mejore la calidad del producto.

 

¿Por qué son tan útiles los invernaderos?

Debido a que mantienen la temperatura que requiere la planta en cualquier época del año, permiten el paso de la luz solar y el riego es continuo, el crecimiento de las plantas es mucho más rápido. Además, permite que frutas y verduras que por las temperaturas exteriores únicamente podrían cultivarse en verano puedan cultivarse también en invierno. Otro factor que favorece un mejor crecimiento es que los plásticos del techo evitan que la planta se dañe si hay fuertes tormentas. 

Al ser estructuras cerradas y vigiladas, el control de parásitos es más sencillo, lo que mejora la salud de la planta y garantiza su crecimiento. De la misma manera, cuando hay alguna planta dañada es más fácil detectarla y eliminarla.

Todo esto conlleva que si, por ejemplo, fuera del invernadero, una planta de pimiento en una temporada se puedan recoger 7 kg, en un invernadero pueden producir 50 kg. Esto implica un beneficio claro para el productor.

 

 

Como consumidores tenemos poder.

Tenemos mucho más poder del que creemos. A pesar de que no seamos conscientes favorecemos que este modelo de explotación agrícola se perpetúe. De forma habitual, cuando vamos al mercado, supermercado, frutería… tendemos a comprar los productos más baratos. Es normal, si te ofrecen los mismos pimientos a 1€/kg o a 2€/kg lo lógico es comprar los baratos. ¿Y entonces, cuál es el problema? Si por un momento pensamos lo que supone el trabajo de producción de 1kg de pimientos llegaremos a la conclusión de que hay que pagar las semillas (aprox. 40 cent. cada una), el abono, fertilizantes, el agua, productos de protección de la planta, mano de obra, transporte, envasado y “beneficios” para todos los implicados entre otras cosas. Como es evidente, no va a haber mucho beneficio, si es que lo hay. En muchos casos no los hay, incluso se dan pérdidas.

Si a los productores crearan una marca conjunta en la que ell@s mism@s pudieran establecer el precio de compra facilitaría una compra ética. Lo único que tendríamos que hacer nosotros como consumidores es aceptar pagar un poco más por estos productos.

 

Es cierto que en muchos hogares incrementar el coste de estos productos podría suponer una reducción clara de su consumo, pero lanzo una pregunta. ¿Realmente administramos el dinero de forma saludable? Es un tema que da pie a un nuevo artículo, pero lo que está claro es que si en vez de comprar bollería y ultraprocesados para desayunar o merendar invirtiéramos este dinero en fruta y verdura quizás habría suficiente. Por no hablar del consumo de tabaco y de alcohol…

 

Vídeo con la explicación de la experiencia

Si todavía no has visto el vídeo introductorio pulsa en el enlace.  Si ya lo has visto… Éste es la continuación.

Tal y como decía anteriormente, tenemos el poder de cambiar muchas cosas.

¡No te quedes atrás!

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